Estamos hechos de errores.
Por lo general las personas tendemos a avergonzarnos y arrepentirnos de nuestros errores, intentamos olvidarlos, sin embargo ellos son los que nos hacen aprender, los que nos aportan cada granito de experiencia.
En vez de girar la cara hacia otro lado deberíamos abrir los ojos y asumirlo como tantas cosas, deberíamos reflexionar para intentar sacar provecho, extraer el jugo de tantas situaciones comprometidas en las que nos coloca la vida.
Los humanos estamos muy ligados a los sentimientos y puede que eso sea uno de los factores que complican el aprendizaje.
Si nos fijamos un poco en el resto de la naturaleza podremos observar que solo el humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
Para ser viejo y sabio hay que ser joven y estúpido.
No nacemos sabiendo pues creo que la experiencia, insisto, es de las mejores amaestras y hay que recorrer muchos senderos, es necesario escalar muy alto para alcanzar la cima.
Dicha cima, a decir verdad, es autoimpuesta. No conocemos límites para la sabiduría y la inteligencia pero sí sabemos que nosotros mismos somos nuestros propios enemigos, nos imponemos límites y eso es una barrera que debemos AUTOderribar, no veo sano ni aceptable que haya que ponerse topes, que haya que conformarse (siempre hay que ser objetivos y racionales).
Tener la mente abierta y hacer esfuerzos por comprender son implicaciones imprescindibles para recibir el conocimiento.
El alumno no apto para esta lección es de fácil reconocimiento pues quien tiene la cabeza cerrada suele tener abierta la boca.
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